Abuso del alcohol
Los peligros del alcohol al volante son bastante evidentes: según las estadísticas, en nuestro país más de la mitad de los accidentes tienen su origen en la ingesta de alcohol. Sus efectos repercuten tanto a nivel físico como psíquico.
Se desprende de las investigaciones, que la persona que conduce bebida, incluso a dosis muy bajas, tiene alteraciones sensoriales, sobre todo en la vista, disminución de los reflejos, dificultades de coordinación, alteraciones perceptivas y, como el alcohol es un depresor del sistema nervioso, también provoca somnolencia, fatiga... A esto se ha de añadir que el individuo que ha bebido infravalora los efectos del alcohol e incluso llega a pensar que así se conduce mejor, no es consciente de su situación y, por el contrario, se crea en él una falsa seguridad en si mismo que le lleva a aceptar mucho más el riesgo. En ocasiones también se incrementan las conductas impulsivas y agresivas, disminuyendo así la prudencia y la responsabilidad.
No es de extrañar, pues, que se hayan rebajado las tasas de alcoholemia para poder conducir y desde 1999 sean de: 0,5grs/l en sangre (0,25mg/l en aire espirado) para conductores normales y 0,3grs/l en sangre (0,15mg/l en aire espirado) para profesionales y los que obtienen un permiso o licencia por primera vez, durante los dos primeros años.
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