¿Qué es lo que nos impulsa a actuar de una manera que de antemano reprobamos?
Una explicación sería que las sociedades conducen como viven y vivimos en un clima estresante, egoísta y agresivo. Esto hace que llevemos nuestro vehículo con el mismo desespero que llevamos nuestras vidas y que, en ocasiones, descarguemos las tensiones acumuladas, como si fuera una válvula de escape.
Todos sabemos de la congestión de tráfico en las ciudades, de lo difícil que es encontrar un aparcamiento, de lo que dificultan una conducción fluida en carretera los camiones, los vehículos lentos... Por consiguiente, hemos de tomar medidas para que esto nos influya lo menos posible y evitar causar daños a terceros o a uno mismo. Proponemos algunas:
- Salir antes de casa.
- Pensar que es mejor llegar tarde que provocar un accidente
- Hacer inspiraciones profundas para relajarse si se nota muy tenso
- Pensar en cómo les va a afectar a los demás nuestra actitud.
Hay que ser conscientes de que tanto las calles como las carreteras constituyen un servicio público y que una conducción temeraria y sin educación puede tener consecuencias nefastas.
Al coger el volante hemos de pensar en la responsabilidad que tenemos y no hay excusas para cometer una infracción, ni para ser maleducado. Los demás, simplemente, no tienen porqué sufrir las consecuencias de que nosotros hayamos tenido un mal día o de que lleguemos tarde a nuestro destino.
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